Tributo a mi Loquita
Morir atacada por otro animal ¡triste fin para la Loca!
Hoy me he enterado que la gatita más rica del mundo, y con la cual regaloneé innumerables días murió…
Bautizada como Filomena por Daniel, nombrada siempre como “Loca”. Sabía decir “mamá” (con un tono bastante felino, eso sí), traía su huesito de peluche y enloquecía con su ratoncito con resorte… la Loca, la loquita que robó mi corazón, que ronroneaba con mis caricias en su pancita y en su cuellito, que reclamaba por atención y hacía caquita en su cajita, esa loquita, está muerta, atacada… Es que la pobrecita, víctima de la vida moderna, creció durante casi toda su vida en el piso 23, para luego bajar al 18… era sacada a pasear con su correita, celosamente defendida de cualquiera que se le acercara, su vida, la que le hicimos vivir, la hizo poco competente en lo que respecta a materias de vida salvaje…
Siempre te recordaré como la loquita que me robó el corazón a pesar de no dejarme dormir, de romper una taza con su respectivo platillo, de entrar (muy pocas veces) con las patitas sucias a la casa y de pasearse en la alfombra… ¿te acuerdas, loquita, cuando estuviste enferma y no te querías tomar tu remedio? cuánto nos dolía el tener que obligarte, gatita malita… qué triste era verte enfermita, con tu cuellito débil, en ese momento me dí cuenta de todo lo que te quería, y de la bendición que eras.
Tan tímida, cuando llegaste estuviste dos días sin salir, escondida tras el sillón… poco a poco te ganamos, ¿recuerdas tu primera salida al parque? ¿o cuando fuiste donde la abuela?¿te acuerdas todo lo que ella te quería, del ratoncito con cuerda que perseguías feliz? ¿o de ese día que, abusaste de mi desnudez y te colgaste de mis partes traseras? Cuánto te había extrañado, y hoy he sabido que dos semanas ha que ya no existes, sigues en mi corazón, loquita…
Sigue ronroneando, sigue diciendo “mama” y sigue acompañándola.
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